UNA LECCIÓN PARA APRENDER Y PROFUNDIZAR
He realizado el esfuerzo de traer al presente de mis recuerdos, algún movimiento social, alguna reivindicación alcanzada por algún sector, comunidad o región en los últimos años y me encuentro con la triste realidad de no encontrar más que vestigios que se remontan a más de 30 o 40 años: el Movimiento Estudiantil de finales de la década de los 60 y principios de los 70, la huelga de los trabajadores del Ingenio Riopaila también a mediados de los 70, el Movimiento Campesino impulsado por la ANUC entre finales de los 60 y mediados de los 70; los movimientos de los petroleros de los 70; los Movimientos Cívicos Populares, que en algunos casos alcanzaron triunfos sociales importantes a principios de los 80 y no recuerdo más.
Lo que hemos visto en este lapso, es que convivimos con el aberrante Estatuto de Seguridad en el gobierno de Turbay y no pasó nada; se montó la Ley 100 de 1993 y no pasó nada; se instaló la más inhumana política neoliberal que ya venía desde el gobierno de Barco y profundizada por Gaviria y no pasó nada; se destruyeron sindicatos de trabajadores y se asesinaron a varios de sus dirigentes y no pasó nada; se liquidó violentamente a la Unión Patriótica y no pasó nada; se acalló la protesta y la movilización por varias décadas de Estado de Sitio y no pasó nada.
Bueno, para equilibrar un poco las cosas, digamos que la Constitución de 1991 fue un logro alcanzado por sectores progresistas y democráticos, que ha sido poco a poco desnaturalizado por las reformas regresivas. Consustancial a la Constitución, podríamos decir que varias de las Sentencias de la Corte Constitucional, han clarificado el panorama jurídico en cuanto a la defensa de los derechos humanos y ante todo la vía de la Tutela como mecanismo de protección.
Mientras tanto, la guerra alcanzó la más descorazonadora degradación: millares de desaparecimientos forzados; centenares de masacres, millones de campesinos desplazados; centenares de mal llamados “falsos positivos”, miles de soldados y policías muertos, heridos y lisiados; miles de familias víctimas de la violencia; sangre, dolor y horror indescriptibles.
Pero lo más grave de todo es que nos acostumbramos a convivir con el miedo; a aceptar, desear y justificar gobiernos inicuos; a contemporizar con una élite política y empresarial obtusa, obcecada, absurda y en ocasiones, algunos de ellos, vende patrias y criminales.
Y por fin aparece una lucecita que bien podría convertirse en un faro que señale el camino que debemos seguir los colombianos: la reconfortante victoria del Movimiento Estudiantil, que derrotó, sin una sola acción violenta la regresiva, antipopular y antidemocrática Reforma de la Educación, cuando el Presidente Santos había dicho enfáticamente que “la Reforma va o va” y la flamante ministra Campo, terca y soberbia, había amenazado con sacar de la universidades a los estudiantes que persistieran en la protesta.
Por su parte, el Presidente, como es de su talante, inicialmente dio todo el respaldo a la Ministra para que impusiera la Reforma; pero cuando el movimiento fue creciendo, algo que también es de su talante, dejó sola a la Ministra en reversazos acelerados y continuos, inicialmente excluyendo de la Reforma el “ánimo de lucro” y la inversión privada en la educación pública, con lo cual la Reforma ya no era la misma que había presentado la Ministra. Sin embargo, el trámite continuó, los estudiantes aumentaron la presión y el presidente se patrasió anunciando que retiraba la Reforma siempre y cuando los estudiantes regresaran a la aulas; los estudiantes tomaron esto como un chantaje y sospechoso de que les hiciera “conejo” y el movimiento creció en calidad y cantidad, hasta que Santos anunció ayer, en un nuevo reversazo que definitivamente no enviaba la Reforma al Congreso.
Debo confesar que se me erizaron los pelos al ver en las imágenes por televisión, prensa y redes sociales, a los jóvenes de todos los estamentos sociales, universidades públicas y privadas, maestros, padres y madres de familia, teatreros, punkeros, emos y demás “tribus”, marchando por una mejor educación, con gratuidad, de calidad y abierta al país; reivindicación y derecho que pertenece no solo a ellos sino a todas la sociedad. Por décadas, aun en contra de mi deseo, me había acostumbrado a ver una juventud desinteresada en el presente y el futuro de nuestro país y el mundo, una juventud con su mirada vuelta a su ensimismamiento, una juventud apática, presa de unos modos de vida agobiantes y desalentadores.
La sociedad civil, encarnada en este caso por los estudiantes, ha ganado por fin una. Tremenda victoria que deja profundas lecciones a toda la sociedad:
- Que los jóvenes han sido, son y serán la fuerza más progresiva de la sociedad.
- Que es posible vencer el miedo y ganar la calle para oponerse y reversar medidas antidemocráticas.
- Que al gobierno de Santos le va a quedar muy difícil oponerse a la movilización ciudadana con medidas de fuerza.
- Que el terrorismo irracional y las acciones violentas en las movilizaciones ciudadanas, frenan la participación.
- Que cada vez más quedan sin piso los argumentos y las argucias para deslegitimar la movilización ciudadana, con señalamientos de ser proclive a los grupos armados o estar infiltrados por ellos o por el terrorismo internacional o cualquier otra presencia nefasta.
- Que buenos y abundantes liderazgos surgirán en el fragor de estas lides.
- Que a pesar del poder que ocupan los medios de comunicación, que soslayan, desvirtúan, desinforman y confunden, existe un contrapoder en las Redes Sociales al que es casi imposible ponerle talanqueras.
- Que no todo está perdido y sobrevive la esperanza de que los colombianos encontremos un mejor escenario para dirimir nuestros conflictos y construir entre todos una mejor sociedad.
Esta victoria de los Estudiantes, deja marcada la ruta para que la sociedad recupere su voz y ponga al orden del día alcanzar la Paz, la Dignidad y un presente y futuro mejor.
Cali, noviembre 12 de 2011
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